sábado, 12 de marzo de 2016

RECIÉN NACIDOS ATENDIDOS Y MIMADOS LAS 24 HORAS

El vínculo entre la madre (y la familia, por ende) y el recién nacido en el centro y como leit motiv de todo el trabajo. Esa es la filosofía que, tras una década de existencia, abandera y lleva a gala la Unidad de Gestión Clínica de Neonatología del Hospital Universitario Virgen Macarena, un equipo integrado por siete médicos que dirige la doctora Salud Luna.
«No tiene nada que ver cómo era la unidad hace diez años, cuando se creó, a cómo funcionamos ahora», advierte Luna a modo de avance y antes de añadir que «trabajamos por que el vínculo madre-hijo se desarrolle lo más posible dentro de lo que permitan las circunstancias. El trabajo se vuelca en la maternidad, y eso es un cambio de filosofía muy grande».
Lo ratifica Pedro Jiménez, uno de los facultativos a sus órdenes: «La unidad se ha hecho más abierta a los padres y a los familiares, que es fundamental. Porque antes los padres no entraban, sólo veían a sus hijos dos veces al día y ahora tienen acceso libre las 24 horas, participan en los cuidados del recién nacido, las enfermeras les asesoran a la hora de darle el alta sobre los cuidados que debe tener en casa, hacen el método canguro, piel con piel, favorecen la lactancia materna... La conexión entre madre e hijo es mucho más cercana», resume.
La unidad abarca desde antes del nacimiento, el llamado periodo perinatal (20-38 semanas de gestación) hasta los 28 días de vida, «o las 46 semanas de edad gestacional, que a veces puede ser muy diferente: puede un niño llegar a 46 semanas y tener tres meses de vida porque haya nacido muy prematuramente», explica Salud Luna, que matiza. «Esos son los límites en los que nos movemos, y hablamos de varias semanas antes del nacimiento porque trabajamos en estrecha colaboración con ginecólogos y obstetras, sobre todo a la hora de tomar decisiones en situaciones en las que hay que valorar el riesgo-beneficio de acelerar o no, o detener o no, el parto».
La unidad de neonatos consta de cuatro áreas: «Hay un área de paritorio, donde trabajamos sólo cuando se nos requiere porque hay un parto o una cesárea; un área de maternidad, que consta de dos salas donde hay dos compañeros que están trabajando todas las mañanas; luego está el área de hospitalización de críticos, que serían los niños que están más graves; y la de intermedios, que son los que aún no pueden estar en sus casas porque necesitan atención hospitalaria pero ya el nivel de cuidados es menos importante», relata la directora.
Casi 400 ingresos al año
Los datos anuales de ingresos en la unidad –niños que por motivos de salud han requerido una atención más especializada– se mantienen estables en los últimos años, con ligeras fluctuaciones, lo mismo que las consultas. La media de asistencia viene a ser de entre 300 y 400 al año.
«Aunque el volumen de ingresos se mantiene en el tiempo porque tenemos una capacidad, la complejidad de los niños que se están atendiendo es cada vez más alta», apunta Salud Luna, y eso se traduce «en cantidad de cuidados y en gravedad de las situaciones. Cada vez atendemos casos más graves, niños en el límite de la viabilidad». De hecho, hay un porcentaje elevado de los niños que ingresan por debajo de los 1.500 gramos. «Son pocos y pequeñitos, pero lo que se invierta en ellos se hace con perspectiva de futuro, es en beneficio de las próximas generaciones», recalca la directora de la unidad.
Trabajo interdisciplinar
El cuidado de estos recién nacidos frágiles y prematuros requiere, como es lógico, de los conocimientos de un sinfín de especialistas para que puedan salir adelante, de ahí que Neonatología trabaje en permanente colaboración con otras áreas del hospital. Pedro Jiménez explica que «a ese niño que nace antes de tiempo y con dificultades no lo puede llevar sólo el pediatra que sigue el día a día. Necesita un equipo multidisciplinar, en el que intervienen el neumólogo, el cardiólogo, el digestivo, el neurólogo... Antes hacía cada uno la guerra por su cuenta, recibían la cita sin conocer al niño y valoraban sólo su parcela. Ahora tenemos una comisión para la atención del recién nacido de riesgo, en la que se reúnen cada dos meses todos estos especialistas y también un trabajador social, porque hay padres que necesitan apoyo psicológico, o económico, o buscar un piso en los alrededores del hospital para que pasen más tiempo con su hijo porque se trata de ingresos muy prolongados; e incluso pediatras de Atención Primaria. Esos especialistas revisan cada caso y se discuten los pasos que se han dado y los que han de darse en adelante», razona el facultativo.
El Virgen Macarena es, de hecho, el primer hospital sevillano que ha implantado, aun parcialmente todavía, el Proceso Asistencial Integrado (PAI) Atención al recién nacido de riesgo, impulsado por la Consejería de Salud. Un proceso «que persigue también que las familias conozcan a cada médico y sepan por qué se les ha derivado a uno u otro». Se trata, en suma, de «ayudarles a superar el tiempo que pasen aquí y prepararles para cuando salen», para que no haya una sensación de salto al vacío.
Lidiando con la muerte
La muerte de un bebé siempre es una posibilidad, siempre es un drama. Y hay que estar preparados para ello: «Cuando empieza un embarazo, el proyecto que tienen los padres es el de tener un hijo sano, guapo, listo... y de pronto tienen que cambiar ese planteamiento por una realidad que no tiene nada que ver. Cuanto peor es esa realidad, más sufren los padres, más sensaciones desarrollan de culpa, de frustración, de responsabilidad...», explica Salud Luna. Y es que algunos niños llegan a estar en la unidad hasta cien días. «Para los profesionales también es muy duro, pero a la vez muy reconfortante en el día a día».

No hay comentarios:

Publicar un comentario