
El líder del PSOE, Pedro Sánchez, ha iniciado su intervención en el debate en el que intentará su investidura como presidente del Gobierno subrayando que es tiempo de diálogo y de acuerdo y no de campañas electorales. Sánchez ha considerado que si de esta semana se sale sin un acuerdo en el Congreso, es que algo mal se habrá hecho. Pedro Sánchez ha advertido a Podemos de que es "absurdo" discutir sobre "sillas" y "reparto de poderes" porque no hay una mayoría suficiente en la Cámara para sumar un Gobierno de izquierdas". "No suma. La izquierda no ha conseguido en estas elecciones el número de disputados suficiente para conformar un Gobierno de un único color político", ha dicho Sánchez, tras resaltar que se ha creado "una falsa esperanza" de que existía esa posibilidad

El candidato del PSOE ha defendido que el "mandato claro" que expresaron los españoles el 20 de diciembre fue el de"abandonar las políticas de Rajoy y del Partido Popular". En su discurso de investidura, Sánchez ha incidido en que ese mandato es el "cambio" y en que el vehículo para llegar a él es el "diálogo". Un vehículo que, ha dicho, "se paraliza con las imposiciones, el chantaje y el abandono de la mesa de negociación". No obstante, el candidato a la investidura ha tendido la mano al PP para dialogar y acordar "grandes temas de Estado", como la integridad territorial, la reforma constitucional y la unidad de los demócratas frente al terrorismo. Sánchez ha confiado en que el PP actúe "con la misma lealtad" que, según él, han tenido los socialistas cuando han estado en la oposición en anteriores legislaturas. Además, ha dicho tener la mano tendida para reconstruir consensos "rotos", como el Pacto de Toledo sobre las pensiones o conseguir un pacto educativo.
El líder socialista ha considerado además un error creer que sólo el que obtiene el mayor número de votos está legitimado por los ciudadanos para asumir la responsabilidad de gobernar. A su juicio, los españoles no se merecen que el Congreso persista en "más errores" como ese. Ha asegurado que, si hoy está en el Congreso presentando su candidatura a la investidura, es porque entendió que "el encargo del jefe del Estado no era una invitación que pudiera rehuir", sino un "deber ineludible".
Tras recordar que el presidente del Gobierno en funciones, Mariano Rajoy, declinó la responsabilidad que le encomendó el Rey argumentando que no era "capaz" de reunir los votos suficientes para sacar adelante su investidura, ha señalado: "Lo cierto es que ninguno de los partidos los hemos obtenido". "Así que, si estoy aquí, si estamos todos aquí celebrando este debate de investidura, es porque no entendí el encargo del jefe del Estado como una invitación que pudiera rehuir, sino como un deber ineludible", ha añadido.
Los diputados de Podemos, encabezados por Pablo Iglesias e Iñigo Errejón, han aplaudido con sorna cuando Pedro Sánchez ha dado las gracias al presidente de Ciudadanos, Albert Rivera, y a su partido, por su "valentía y coraje" al abordar un pacto con el PSOE. "Les doy públicamente las gracias por su valentía y coraje. Agradecimiento que hago extensivo a mi grupo, el grupo parlamentario socialista", ha manifestado Sánchez, desatando una oleada de aplausos procedentes de los escaños de Podemos. Mientras los diputados de Ciudadanos han acogido sus elogios en silencio, con gesto serio, Iglesias, Errejón y otros parlamentarios de Podemos han aplaudido ostensiblemente y sin parar de reír esas palabras del candidato a la investidura.
Pedro Sánchez ha terminado su discurso de investidura, de unos 95 minutos de duración,apelando al resto de partidos para que pongan fin con su voto a la "situación de bloqueo" en la que se encuentra España, poniendo en marcha el "cambio que esperan millones de españoles". A su juicio, el éxito o fracaso del debate de investidura dependerá de lo que decida finalmente cada partido y ante la certeza de que, por ahora, sólo cuenta con los 90 votos de los diputados socialistas y los 40 de los parlamentarios Ciudadanos. "A esta pregunta tendremos que responder sencillamente sí o no", ha alertado Sánchez, que ha añadido que, cuando cada partido decida su voto, se sabrá "realmente dónde está cada uno" y, si deciden votar negativamente, estarán impidiendo que todas sus propuestas de gobierno se pongan en marcha "la próxima semana", advertencia que ha repetido una y otra vez durante todo su discurso.
Un intento con pocas probabilidades de éxito
La sensación es de pérdida de tiempo. De vivir un ejercicio de política ficción con el único objetivo de preparar el terreno de juego para la próxima batalla. Casi todos reconocen que, a día de hoy, la investidura de Pedro Sánchez está abocada al fracaso. Así, de antemano. Hasta el líder del PSOE admite que no tiene una mayoría suficiente para gobernar y ya da por amortizada la votación de mañana en la que necesita la inalcanzable mayoría absoluta. Reconoce, como poco, que habrá que ir a segunda vuelta el viernes. "Sabemos de antemano el resultado de esta investidura", ha admitido sin paños calientes ante el estupor de los presentes.
La aritmética parlamentaria es tozuda y 90 votos del PSOE y 40 de Ciudadanos suman 130, lejos de los 176 votos a favor que demanda la primera votación. Sólo una abstención in extremis de Podemos podría salvar la investidura este viernes, votación en la que sólo le hacen falta más votos a favor que en contra. Aunque también ahí las posibilidades son bastante remotas.
Lo repiten de forma machacona los que tienen la llave para hacer a Sánchez presidente del Gobierno. Bien el PP o bien Podemos. Y ni uno ni otro quieren apoyar a Sánchez. HastaCoalición Canaria, socio de gobierno de PSOE en las islas, se ha descolgado del acuerdo -se abstendrá- ante la certeza de que no hay posibilidad de sacarlo adelante. Lo mismo le pasa aCompromís, que comparte ejecutivo con los socialistas en la Comunidad Valenciana. Tampoco el PNV votará a su favor, después de semanas de negociaciones y les ha censurado que no les haya hecho "ningún guiño" en su intervención.
La relativa soledad del candidato socialista se ha escenificado con crudeza al final de su discurso. Salvo los aplausos de sus compañeros socialistas, sólo el líder de Ciudadanos, Albert Rivera, se ha acercado para trasladarle un mensaje de aliento. Apretón de manos y palmada en la espalda.
Pedro Sánchez se ha agarrado como un clavo ardiendo a una letanía que ha repetido una y otra vez desde que aceptara el encargo del Rey de someterse a la investidura. Hay un mandato de "cambio" que sólo puede liderar el PSOE para desalojar al PP y a Mariano Rajoy del Palacio de la Moncloa. "Tenemos sólo dos alternativas", ha proclamado Sánchez, que ha reconocido que se ha creado una "falsa esperanza" de que era posible un gobierno sólo de izquierdas con Podemos: "Vamos a hablar claro". Cualquier acuerdo de gobierno -admite- pasa por el PSOE y un consenso a izquierda y derecha, con Podemos y Ciudadanos.

Y asume que sólo con Ciudadanos no llega a ningún sitio, aunque ve el acuerdo como el "indispensable principio de la solución" del bloqueo institucional que vive España. "Mestizaje ideológico" del que excluye al PP y que ve posible ya la "próxima semana", dando casi por hecho que esta investidura está ya perdida, en una confesión calificada de "insólita" por algunos de los portavoces. Podemos no cierra la puerta al diálogo pero ya a partir de la semana que viene, siempre y cuando el PSOE deje a un lado su acuerdo con Ciudadanos, después de un discurso que han calificado de decepcionante.
Y mientras Sánchez tiende la mano a izquierda y derecha para intentar ganar el partido aunque sea en el tiempo de descuento, Mariano Rajoy espera. Como si el debate no fuera con él, ha escuchado al candidato socialista impávido, sin mostrar emoción alguna, sentado tranquilamente en su escaño. Este miércoles es su turno en el debate y la semana que viene, una vez que se acredite el fracaso del intento de Sánchez, quizás dé el paso adelante, o quizás no.
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