lunes, 9 de mayo de 2016

EL ACÉITE DE OLIVA VIRGEN EXTRA DE NUEVO EN SOSPECHA POR FRAUDE


Tras un aviso del Ministerio a las comunidades, vuelve el debate sobre si el virgen se vende como virgen extra. La Agencia Catalana de Consumo apunta que es así en un 40%


«No es nuevo. Es una realidad». Se vende aceite de oliva virgen como virgen extra, que es más caro. ¿En qué porcentaje? Según la Agencia Catalana de consumo, de las 15 muestras analizadas en sus laboratorios a principios de año, seis fueron calificadas como incorrectas, básicamente por el análisis sensorial u organoléptico (por la cata). Es decir, queel 40 por ciento de lo analizado estaba mal etiquetado.
Y eso lo explica así de claro el subdirector general de disciplina de mercado de la Agencia Catalana de Consumo, Albert Meliá, quien desmintió que este organismo haya detectado que las muestras manipuladas a las que hicieron referencia los ministerios de Agricultura y Salud fueran de aceites envasados en Andalucía.
¿Qué muestras manipuladas? En una carta enviada el pasado 1 de abril por la dirección general de la Industria Agroalimentaria a las comunidades autónomas, que tienen las competencias en la materia, el director general insta a los gobiernos regionales a que «se adopten medidas y sistemas de precintado que eviten la manipulación de las muestras». Agricultura y Sanidad tienen la «fundada sospecha» de que hay empresas productoras que están «alterando muestras» para vender aceites a un precio superior al que por su calidad les correspondería.
Otro fraude, que no incide en la salud, pero sí en el bolsillo del consumidor. Y es que el sector está «cansado» de copar noticias que ponen en duda su buen hacer. De ahí que se hayan reabierto dos debates: por un lado, organizaciones agrarias, consumidores y productores solicitan que se hagan públicos, «con rigor», los nombres de las marcas que engañan y, por otro lado, que se revise el sistema de catas o análisis organoléptico porque «tienen una carga muy subjetiva».
Y es que el problema es complejo ya que un aceite de oliva virgen extra puede perder sus propiedades si, por ejemplo, está mal situado en un lineal. Pero vayamos por parte.
¿En qué se diferencia un aceite de oliva virgen de uno virgen extra? Ambos no tienen ningún tratamiento químico, son como zumo, jugo de aceitunas sin aditivos ni conservantes; pero el virgen tiene una acidez por debajo del dos por ciento y presenta algún defecto sensorial por mínimo que sea, mientras que el virgen extra tiene una acidez menor de 0,8 por ciento y no presenta ningún defecto en la cata.
Eso sí, como apuntan fuentes de la industria envasadora y distribuidora, los enemigos del virgen extra son la luz y la temperatura excesiva (de ahí los envases oscuros). «Y si un aceite está mucho tiempo sin rotación en un lineal, con mucha luz directa, puede bajar de categoría, de virgen extra a virgen», indican.
Desde la Agencia Catalana de Consumo lo confirman. «Por eso nosotros cogemos las muestras de aceite de oliva virgen extra más recientes, las que acaban de llegar al supermercado», indicó Albert Meliá, quien también comentó que se recogieron a principios de año 20 muestras, de las que cinco aún no se conocen los resultados. De las otras 15, seis dieron incorrectas, no eran virgen extra, «la mayoría por el análisis sensorial, si bien una o dos también dieron un fallo químico», apostilló tras recalcar que es un producto «muy delicado y que es verdad que los fabricantes se oponen a que los análisis tengan una fase sensorial».
«Se pueden dar diferencias de hasta un 30 por ciento en el mismo aceite con la cata. La industria exigimos que la fase sensorial tenga menos peso y se centre más en el análisis científico», indican desde una de las grandes envasadoras andaluzas, desde la que exigieron «rigor» en las informaciones y en los análisis, cuestionando elestudio que la Organización de Consumidores y Usuarios (OCU) realizó en 2012. Entonces sí se dieron nombres y algunas de las marcas entonces cuestionadas pusieron en duda el método del análisis porque no era tan garantista como el de las administraciones. Éstas recogen tres muestras, una se la queda la empresa y dos son para el organismo público, cuya segunda muestra es la que desempata llegado el caso.
En ese informe de la OCU de 2012, nueve marcas no tenían las características propias del aceite virgen extra pese a venderse como tal.
Fuentes de la industria envasadora recordaron que España y Andalucía son una potencia mundial y que están «cansados» de que «constantemente salgan noticias en negativo del sector». «Hasta para un fraude tan sofisticado como éste los controles son efectivos porque se detectan. Tiene poco sentido intentar engañar porque no hay ventaja para el operador», señalaron desde la patronal. Al año, se envasan en España más de 400 millones de litros de aceite de oliva, del que un 40 por ciento es virgen extra.
En 2011, la Junta de Andalucía detectó un caso similar y se negó a hacer públicas las marcas que habían cometido el fraude (todo esto aparte de los casos que de vez en cuando salpican la actualidad porque las autoridades descubren aceites que se venden como virgen o virgen extra cuando son una mezcla con, por ejemplo, aceite de girasol, avellana o aguacate, de composición química parecida y, por tanto, difícil de detectar).
«Si no se dan los nombres los usuarios no pueden reclamar y recuperar el dinero estafado y se siembra la duda en todo el sector cuando gran parte tiene un comportamiento correcto», defiende Miguel Ángel Serrano, miembro del gabinete jurídico de Facua España, para quien también es crucial que se incrementen las multas para que al empresario no se salga rentable engañar.
Para el secretario general de Asaja Sevilla, Eduardo Martín, el vender aceite de oliva virgen como virgen extra «no es nuevo». «Es una realidad y tiene que caer todo el peso de la ley sobre quien miente porque va en perjuicio de la calidad y de los productores que hacen las cosas bien. El prestigio andaluz y español se ve perjudicado», añadió tras recalcar que Asaja defiende que se incrementen las inspecciones rigurosas y que se hagan de forma continuada. Eso sí, opina que los métodos de calidad y control siguen dividiendo al sector.
Para Martín, las catas «están bien, pero pedimos que estén homologadas en todos los niveles y se armonicen, que no sean subjetivas». «Tienen validez –sostiene– mientras no haya otro método válido».
Incluso la Unión Europea financia varios proyectos para poner en marcha nuevos método para la detección de fraudes. Uno de ellos es el proyecto OLEUM, con cinco millones de euros y la participación de una veintena de socios de 15 países. El objetivo es detectar los timos más comunes en el sector del aceite de oliva y verificar su calidad, así como crear una red de información fiable y preservar la imagen del producto a escala global. El Instituto de la Grasa, del CSIC, es el segundo organismo con mayor presupuesto (606.000 euros), aportando dos equipos pilotados porWenceslao Moreda y por Diego Luis García. Eso sí, se centran, como explica Moreda, en detectar mezclas y mejorar los análisis sensoriales con, por ejemplo, material de referencia para los catadores, pero nada tienen que ver estos estudios con otro tipo de fraudes, como el del cambiazo de muestras, como advirtió la dirección general de la Industria Agroalimentaria a las comunidades.
¿Cómo lo hacen? Abren una muestra con precinto, meten en una de las catas aceite mejor y lo envían a la Administración para un contraanálisis.
Mientras que el aceite de oliva virgen cuesta entre 3,5 euros el litro (las marcas blancas) y cinco euros, el virgen extra oscila entre los cuatro euros y los seis euros el litro 

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