Dice Ignacio Sánchez Ibargüen, hermano mayor honorario de Triana, que el de este año será un camino «un poco deslucido, un Rocío un poquito light» por aquello de que el Simpecado con la Virgen Chiquita ni vadeará el Quema ni surcará los arenales de la Raya Real. «Pero bueno, ya lo dice la copla: Haga calor o haga frío, Triana va pal Rocío». El hombre que desde el año 1976 –y ya van cuarenta– pone los toros de su ganadería para guiar a la carreta trianera hasta el santuario que cobija a la Reina de las Marismas se contenta soñando en que para el camino de vuelta las arenas ya hayan desaguado, el campo se oree y ello permita a los más de 5.000 peregrinos del contingente romero de Triana disfrutar de los esfuerzos y los placeres que reportan esos «momentos mágicos» del camino que el temporal de lluvia va a robar a la filial más antigua de la capital sevillana en su peregrinación de ida hasta la aldea.
«Que lo que cae es agua, no adoquines», vocea ante la carreta Nacho Sabater, prioste primero de la hermandad, para quitarle hierro al asunto del que inevitablemente todo el mundo habla en este atípico Rocío, la temida lluvia, un imponderable que ha obligado a los de Triana a modificar todas sus paradas y a tomar una ruta alternativa por asfalto para llegar a la aldea.
Pero lo cierto es que el cielo concede a la comitiva trianera una tregua de apenas dos horas, justo lo necesario, para que su desfile por las calles del arrabal sea de lo más lucido. Hasta el sol llegó a picar en estas primeras horas de la mañana para despedir a los romeros de Triana en su jubiloso recorrido de despedida por la urbe.
Es el miércoles de las carretas en Triana y por la calle Evangelista vuelven a asomar las cintas verdes en los sombreros, las mochilas cargadas a la espalda, las varas de peregrino adornadas con romero, los padres y madres que caminio del cole hacen una parada en la capilla para que los niños puedan despedirse del Simpecado, las lágrimas de quienes este año no van... Es el miércoles de las carretas en el arrabal y vibran jubilosos los campanarios de las iglesias al paso del Simpecado en su recorrido hasta el Patrocinio. Y se entonan devotamente las salves. Y no faltan los toques de flauta y tamboril de Celedonio –39 Rocíos poniendo banda sonora a los pasos de los romeros–. Y resuenan sobre el asfalto los cascos de la elegante caballería de Triana que empuña como emblema esa vara con la inconfundible silueta de la medalla de la hermandad. Y los lomos de Mimoso yPataleta –los dos toros de raza retinta que tiran de la carreta de plata– se llenan de los pétalos que desde casas y azoteas lanzan a la Virgen Chiquita. Y afloran los recuerdos por quienes ya habitan las marismas eternas. Y la banda de la Aviación acomete los acordes marciales del himno Soldadito español. Y una hilera de 26 carretas se extiende por la calle Castilla. Y hasta el Cachorro luce en esta mañana sus potencias para encontrarse cara a a cara con la que es «mata de romero, lirio marismeño y ramo de jazmín».
La lluvia obliga a tomar precauciones, de ahí que la carreta trianera aparezca protegida estratégicamente por un enorme plástico que recubre su techo y los laterales, pero permite una visión despejada del Simpecado tanto desde el frontal como desde la trasera.Clavellinas de colores adornan la plata de una carreta que, antes incluso de cobijar al Simpecado y de que le sean uñidos los toros, atrae como un imán a decenas de peregrinos de promesa que, con mochilas cargadas a la espalda, no se apartarán ni un metro de los radios de sus ruedas durante todo el camino.
José Román vive su primera Romería como hermano mayor. Pone el alma en cada viva y no puede evitar auparse sobre el estribo de su cabalgadura cada vez que entona toda esa retahíla de vítores que corona cada salve ante las puertas de la capilla de la Estrella, la parroquia de la O y la basílica del Cristo de la Expiración. Es curioso, pero Román no olvida mencionar en sus vivas a los titulares de cada una de las hermandades citadas y ante el Cachorro se corean el «viva popá» y «viva momá», como popularmente se referían los gitanos de la Cava al Cristo de la Expiración y a la Virgen del Patrocinio. A las 10.50 horas la carreta de Triana recorta su silueta ante la mole de acero de la Torre Sevilla. Descarga el cielo con fuerza, pero Triana va pal Rocío.

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