Albert Rivera ha asumido que la campaña se ha polarizado e intenta no descabalgarse de una batalla que tiene como espadas principales al PP y Unidos Podemos. Su viaje a Venezuela y sus soflamas discursivas de los últimos días llevan al candidato naranja a olvidar la incertidumbre del tinte de sus ideas y se está virando al azul sin tapujos. Al populismo azul oscuro contra el peligro de los rojos.
Las declaraciones alabando la paz y el orden que las dictaduras tenían en contraposición con la convulsa democracia venezolana han puesto a la derecha pop de Albert Rivera en la posición más radical del espectro ideológico. Unas declaraciones similares realizó el concejal del PP, Óscar Berman, conocido por mandar a la pescadería a Ada Colau. El popular declaró sobre la dictadura franquista: “Disfrutábamos de la tranquilidad de no tener que convivir con separatistas, ni con ultraizquierdistas, ni con inmigrantes ilegales, ni con delincuentes internacionales. Había paz y orden”. Un alumno aventajado de Jaime Mayor Oreja, que alababa la época de “extraordinaria placidez”que supuso la dictadura de Franco.
No puede discutirse que la de Albert Rivera es una afirmación completamente cierta y veraz. Enraizada en los pilares de la ideología de muchas dictaduras en general, y en particular de la nuestra, la que asoló España. La dictadura franquista fue una época donde reinaban la paz y el orden. El modo en que se instauró ese remanso de armonía era secundario para el admirador de Adolfo Suárez, quien también provenía de una ideología de equilibrio, autoridad y disciplina, la falangista.
El diario Imperio de Zamora, un periódico de Falange Española de la JONS, publicaba en su portada el21 de agosto de 1945 un artículo titulado Naturaleza del régimen para explicar cuál era el verdadero espíru de la dictadura franquista: “A nuestro régimen se le identifica por sus obras, que son, en fin de cuentas, sustancia de su propia naturaleza. Y entre ellas hay que señalar como una de las más expresivas de su caracter, de la finalidad hacía la que orienta su acción el haber instaurado en nuestra patria un orden y una paz de los que no goza ningún país, paz y orden bajo cuyo signo creador España se va recobrando de sus pasados quebrantos, labora y levanta sobre las ruinas morales y materiales que amontonó el imperio del desorden más anárquico”.
Otro admirador de las cosas bien hechas y bien colocadas era Charles Maurras, el político de extrema derecha francés impulsor del partido Acción Francesa. Este personaje de principios de siglo también compartía las bonanzas de una sociedad de “paz y orden”. Maurras, que defendía las sociedades ordenadas, racistas y clasistas en una visita a la zona fascista en 1938 durante la Guerra Civil española dejó sus impresiones escritas en los diarios falangistas: “Tengo interés en hacer comprender la impresión de paz y orden absoluto que me ha dejado la España Nacional”. El pensamiento de Maurras a través de su cuerpo doctrinal dejó su impronta en Ramiro Ledesma Ramos y los círculos regios de Juan de Borbón. El padre de la derecha católica que habita todavía en el seno del Partido Popular y que también tenía una visión ordenada de las dictaduras.
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